viernes, 3 de abril de 2009

Aparicio enfrenta a un poeta engreído



El suceso ocurrió un primero de mayo, mientras el Aparicio punteaba La Internacional en compañía de peones llegados de la Patagonia. Enfundado en ropa de esgrimista, el provocador irrumpió sin pedir permiso.

A la pampa han infestad
anarquistas y malones
hay que buscar soluciones
rigurosas e inclementes
dijo en versos vehementes
un tal Leopoldo Lugones.

Su glosa desaforada
Y su atitú represora
enfrentamos sin demora
Con juerzas desenfrenadas
Lo corrimos a patadas
Con la gente de la FORA.

Visiblemente estropeado, el poeta deambuló entre cardos y espinillos. “Ha llegado la hora de la espada”, amenazó antes de caerse en la Zanja de Alsina.
APARICIO TRAMONTINA, UN FACÓN HECHO CANTO.

Compagni nella pampa.


Un sulky se detuvo frente al rancho del Aparicio. Mastroiani bajó y le estrechó la mano. “Un bicchieri d’acqua, per favore”, le suplicó secándose el sudor de la frente. Luego de beber, le confesó su pesar:

Estoy buscando una donna,
amor que causa desvelo,
mi corazón va de duelo,
desde que perdí a la Sofía,
Discúlpeme la porfía,
Il mio nome é Marcello.

Aparício:

Dolor no quiero causarle
Menos tristeza y enfado
Ayer cerca del Salado
Iba del brazo Sofía
Con Gassman de compañía
En un Bugatti alquilado.

Lo despidió con un abrazo en la estación Arditi. Una milonga triste se escurrió por las ventanas del rancho esa noche.

APARICIO TRAMONTINA, UN FACÓN HECHO CANTO.

Aparicio emboscado




Las tropas del general Roca asediaron al Aparicio. Una tarde, le tendieron una emboscada en las cercanías de Junín. Cuando todo parecía perdido, fue rescatado por un imprevisto cuchillero tucumano.

Furtivo en el Desierto,
Desolación a la vista,
No me perdía la pista.
Ningún grupo de tarea,
Paisano, me la vi fea
en el régimen roquista.

Ayuda me dio un paisano,
Valiente era ese hombre,
Aguirre Suárez por nombre
El noble gaucho portaba
Si cuento como tajiaba,
He de creer que si asombre.

Se despidieron con un abrazo en la estancia de los Zubeldía.
APARICIO TRAMONTINA, UN FACON HECHO CANTO.

Aparicio tristón por la ida de Tirofijo

Tristeza anuncia la pampa,
Un hornero me lo dijo,
Con canto breve maldijo,
Esta ausencia duradera,
Extrañaré en la pradera
al finado Tirofijo.

En Pila nos conocimos
En un congreso marxista
Y con fervor socialista
El porvenir compartimos
Aunque también discutimos
Por su estrategia foquista.

Al cielo jué el compañero,
Con paso firme y preciso,
Lanzó un mensaje conciso,
Con sencillez verdadera:
Amigos, la clase obrera,
No jué nunca al Paraíso.

APARICIO TRAMONTINA, UN FACÓN HECHO CANTO.

Sorpresas trajo la niebla





La niebla rodió mi rancho
Como un fantasma taimado
A mi pingo jui confiado
Con la altivez del baqueano
Quedé ensartado, paisano,
En las rejas de un arado.

Prisionero de la bruma
Un mocito sollozante
Era Sebrelli, el tunante
Que lamía servicial
A un gordo de la Rural
Chaleco, botas y guante.

De pronto pasó una dama
Con minifalda de cuero
Sacudiendo un alhajero
Vergüenza me da contarlo:
estaba Beatriz Sarlo
Abrazando a un ganadero.

APARICIO TRAMONTINA, UN FACÓN HECHO CANTO.

bichito guapo el hornero




Aunque soy gaucho curtido
Sufro el invierno fulero
confundido vi un hornero
Que con plumífera virtú
Hizo en un poste un iglú
¡viera que grande su esmero!

domingo, 29 de marzo de 2009

Encuentro con Nietzsche en un monte de retamas




Cada grito del alemán espantaba a las torcazas. Arremetía con furibundos bastonazos sobre los arbustos y una lluvia de pequeños capullos amarillos iba tapizando el suelo de la pampa.: “¡Sácame de esta tierra miserable, Dionisio!”-, aullaba, y volvía a cargar con el bastón sobre las ramas. La senda del orate iba agrandando los claros en el monte. A primera vista, Aparicio lo confundió con Horacio Quiroga; pero el narrador uruguayo no podía ser portador de tanta maldad. No soportó la depredación y lo paró en seco: “¡Deténgase, bárbaro teutón! Está destruyendo la flora autótona de la pampa: bulnasia retama, pa’ mayor precisión”. El bigotudo lo miró con ojos de un ofidio: - “¡Fuera, subhumano!”, lo insultó. Instintivamente, la mano del payador buscó el facón.

Aparicio:

Al superhombre buscaba
Ese demente prusiano
Y con aliento malsano
Ladiando su torvo gesto
Me repetía funesto:
“Vil raza la del paisano”.

Mi facón salió certero,
Pa’ tragedia del sofista,
El rencor nubló mi vista,
dejé el monte salpicado,
Y el infierno sazonado,
Con los flecos del racista.

Probablemente, este episodio explique el profundo encono que los filósofos posmodernos profesan por el payador de Pila. Quizás también el de Tomás Abraham.

APARICIO TRAMONTINA, UN FACON HECHO CANTO.